Puerto Rico: Reciclan comida para agricultura

La metodología desarrollada por la compañía TAIS, conocida como “recicloponía”, desvía residuos que suelen llegar a los vertederos para convertirlos en composta y usarla en cultivos.

La saturación de los vertederos y la vulnerabilidad alimentaria son dos problemas que, a simple vista, no parecen relacionados. Sin embargo, una empresa puertorriqueña encontró la manera de atenderlos simultáneamente a través de un mismo esfuerzo.

“Recicloponía” es el nombre de la metodología desarrollada por la compañía TAIS (Trito Agro-Industrial Services, Inc.), mediante la cual se recolectan residuos orgánicos de forma fermentada para procesarlos mediante composta, que luego es aplicada a cultivos agroecológicos.

De esta forma, se desvían desechos que suelen terminar en los vertederos y, al mismo tiempo, se aumenta la producción de comida local, resaltó Oscar Meléndez, gerente de Desarrollo de Negocios de TAIS, en entrevista con El Nuevo Día.

“El proceso de compostaje es un tipo de reciclaje, pero pocas veces se ve la conexión. Nosotros lo que hacemos es rescatar los residuos orgánicos, desviarlos de los vertederos y darles otra vida, un nuevo propósito. Las implicaciones de esto son grandísimas”, dijo.

El único estudio de caracterización de residuos en Puerto Rico, realizado en 2003, encontró que el 35% de lo que se recibe en los vertederos es material orgánico. Un 22% de eso es material vegetativo, mientras que un 12% corresponde a residuos de alimentos.

Según Meléndez, esas cifras significan que un tercio de lo que llega a los vertederos se puede desviar y aprovechar para generar composta de calidad para los agricultores. Explicó que la composta que combina material vegetativo y residuos de alimentos contiene más nutrientes.

“Puerto Rico depende muchísimo de la importación de alimentos porque la agricultura no se ha levantado. Pero, por eso mismo es que queremos aprovechar estos residuos, rescatar los nutrientes y dirigir todo a la agricultura local”, recalcó.

En 2018, el Colegio de Contadores Públicos Autorizados reveló que el 80% de la canasta de alimentos consumidos en la isla proviene del exterior. Emergencias como el huracán María, los terremotos de enero y la pandemia de COVID-19 recrudecieron la vulnerabilidad alimentaria de muchas comunidades.

¿Cómo funciona?

Meléndez explicó que el proceso de recolección de residuos orgánicos de forma fermentada tiene su origen en Japón y es conocido como “Bokashi”.

Contó que el presidente y fundador de TAIS, Carlos Pacheco Irizarry, lo adaptó para comercializarlo y “ponerlo a funcionar” como un sistema de manejo de residuos en hogares, comercios e industrias. Pacheco Irizarry bautizó su innovación como “Borikashi”.

“Borikashi” es un “kit” de varias piezas, que se coloca en la cocina o área de preparación de alimentos, tanto a nivel doméstico (hogares) como industrial (restaurantes, por ejemplo).

La primera de esas piezas es un “receptor orgánico”, que a nivel doméstico es un contenedor de un galón, mientras que a nivel comercial o industrial es de cuatro galones.

“Pero el concepto, en ambos casos, es el mismo. El receptor es para poner todos los residuos de comida, sin limitación (excepto líquidos). Este es uno de los componentes más fuertes del sistema, porque los usuarios no tienen que segregar, sino que todos los residuos van al mismo sitios”, indicó Meléndez.

El “receptor orgánico” debe estar tapado en todo momento para evitar, entre otras cosas, que lleguen moscas y depositen sus huevos.

Cuando se llena, el material debe moverse entonces al “fermentador”, que es otro contenedor de cuatro galones a nivel doméstico y de 35 galones a nivel comercial o industrial.

“Uno deposita los orgánicos ahí y se cubren con un aditivo que fabrica TAIS. Ese aditivo también es material reciclado, porque su base, el inoculante que comienza el proceso de fermentación, tiene como materia prima el pergamino o la cascarita que sale al pelar café. Este material, que activa el proceso de fermentación dentro del contenedor, se lo proveemos a los clientes como parte del servicio”, abundó.

“Uno va poniendo los orgánicos en el contenedor como si fuera una lasaña: pone una capa de residuos y, encima, le riega una capa de ‘Borikashi’. El ‘kit’ también incluye un compresor para densificar el material dentro del contenedor y, de esta manera, lograr una mejor fermentación. A su vez, logramos que el fermentador aguante más comida, y eso ayuda mucho en la eficiencia del proceso”, expuso.

Meléndez dijo que, contrario a lo que pueda pensarse, cuando los residuos están fermentados no se generan olores de putrefacción. El material de la cáscara del café inhibe dichos olores.

Recogido a domicilio

TAIS se encarga del recogido de los residuos fermentados, y la frecuencia dependerá del volumen generado.

A nivel residencial, por ejemplo, el recogido puede ser una vez cada dos o cuatro semanas. La compañía ofrece membresías de servicio, cuyos precios oscilan entre $15 y $35 al mes. En el caso de los comercios e industrias, dijo Meléndez, los acuerdos son por contrato.

“A nivel doméstico, puede haber mucha variación en la frecuencia de recogido porque todo depende del consumo, pero en un restaurante o cafetería típicamente lo que hacemos es medir la cantidad de platos que se sirven y, de acuerdo a eso, establecemos un ciclo. Eso nos gana eficiencia y reduce, por ejemplo, los gastos de transportación”, explicó.

Como parte del recogido, TAIS intercambia con sus clientes contenedores vacíos y limpios para que sigan con el proceso de recolección hasta la próxima visita.

Los residuos orgánicos fermentados son llevados a la compostera de TAIS, en Salinas, donde se mezclan con material vegetativo, que casi siempre son troncos de árboles, aunque también pueden ser hojas y grama.

“Del fermentador, como tal, no sale una composta, sino una precomposta fermentada. Al tener nosotros una compostera fermentativa, hay una diferencia con otros sistemas. Al introducir el material fermentado en nuestra compostera, solo lo tenemos que mover cada 30 días. En otras composteras, que tienen sistemas que consumen mucha energía para introducir aire, hay que moverlo cada cuatro o siete días”, ilustró.

Meléndez dijo que, al cabo de 90 días y habiéndole dado tres vueltas al material, la composta “ya está curada”. “En este tiempo, ya ha pasado por todos los procesos de calor para matar cualquier patógeno que pueda surgir”, afirmó.

“Este material tiene el beneficio de ser un aditivo al suelo, que introduce material carbónico presente en el vegetativo. Los residuos orgánicos o de comida introducen el componente de nitrógeno al proceso. La composta que solo tiene material orgánico no tiene la misma cantidad de nutrientes que esta. Al final, con nuestra composta, los agricultores no tienen que depender de agroquímicos, de fertilizantes, para introducir nutrientes al suelo”, enfatizó.

Por ahora, la gran mayoría de la composta producida se utiliza en la finca demostrativa de TAIS, aledaña a la compostera. Es una finca agroecológica, resaltó Meléndez.

La empresa también dona composta a agricultores del área y a entidades como la Cooperativa Orgánica Madre Tierra.

“Lo que estamos buscando crear es una economía circular… que, al momento de recoger los orgánicos en un hogar o restaurante, podamos ofrecerles una cosecha agroecológica y así todos ganamos. Vamos y volvemos cargados con otro material. La gente tiene que cambiar de perspectiva y empezar a entender que, lo que antes veían como basura, ahora son recursos para la tierra”, puntualizó.

Fuente: elnuevodia.com

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